
Opinión
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Carmen Parejo Rendón
Escritora y analista en distintos medios audiovisuales y escritos. Directora del medio digital
Revista La Comuna. Colaboradora en Hispan TV y Telesur. Enfocada en el estudio y análisis de
la realidad latinoamericana y de Asia Occidental.

Con el golpe de Estado contra Manuel Zelaya en Honduras, quedó claro que Washington y las oligarquías locales no iban a permitir, sin guerra política, judicial, económica o militar, que el ciclo abierto por Chávez, Fidel, Daniel Ortega, Evo, Correa, Lula, o los Kirchner consolidara una arquitectura continental propia.

Ya no se negocia desde la perspectiva de 2015, sino desde una región que ha aprendido a resistir y un orden internacional que empieza a dejar de ser unipolar.

La pregunta no es si Iglesia desea conservar su influencia, sino qué disposición tiene de cambiar lo necesario para merecerla.

Colombia no ha sido solo un país violentado por sus propias élites, sino una pieza estratégica de la arquitectura estadounidense en América Latina.

Defender la liberación de estos activistas no es solo reclamar garantías para diez personas retenidas en Libia; es defender el derecho de los pueblos a vivir en paz y la responsabilidad colectiva de construir otro mundo.

Europa pierde peso en el mundo y responde militarizándose, como si pudiera recuperar por esa vía lo que ha perdido en el terreno económico, político y diplomático.

En Europa esta crisis se expresa, ante todo, en relación a la asequibilidad: salarios que no alcanzan, alquileres desbordados y ciudades convertidas en territorios de renta.

El acelerado desplazamiento del peso económico y geopolítico mundial hacia nuevas potencias y regiones está erosionando cada vez más la capacidad de las estructuras surgidas después de 1945.

Problemas como la crisis de vivienda, la precarización laboral o el deterioro de los servicios públicos, dejan de entenderse como resultado de decisiones políticas y pasan a atribuirse a la inmigración, desplazando el conflicto hacia una confrontación artificial entre sectores populares.

El bloque no se dirige hacia una nueva estabilidad, sino hacia una transición abierta en la que, por ahora, ninguna fórmula ha logrado ofrecer una salida convincente.

En un escenario de pugna global, incluso los movimientos tácticos pueden terminar teniendo consecuencias estratégicas.

Antes de la agresión militar del 28 de febrero de EE.UU. e Israel contra Irán, Washington había ensayado otros mecanismos de intervención que no lograron sus objetivos.