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La batalla por Ormuz: ¿cómo sería el plan de EE.UU. para reabrir el estrecho?

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Según The Economist, la operación podría constar de tres etapas, cada una de las cuales podría durar semanas y conlleva graves riesgos para los militares estadounidenses.
La batalla por Ormuz: ¿cómo sería el plan de EE.UU. para reabrir el estrecho?

A pesar de las declaraciones unilaterales de Donald Trump sobre supuestas negociaciones en curso con Irán, las medidas paralelas de Washington apuntan a otra cosa: el escenario de la fuerza sigue considerándose una opción real.

The Washington Post reportó que el Pentágono ordenó el martes el traslado a Oriente Medio de tres buques de guerra con unos 4.500 soldados del grupo de combate anfibio USS Tripoli.

Tales acciones aumentan la probabilidad de una intervención militar directa de EE.UU. con el objetivo de abrir el estrecho de Ormuz, una operación que podría prolongarse durante semanas y resultar en pérdidas significativas.

¿Cómo podría ser una operación para abrir el estrecho de Ormuz?

En este contexto, The Economist esbozó un posible escenario de dicha operación, asumiendo que podría desarrollarse en tres etapas.

  • La primera etapa supone la destrucción de la infraestructura militar iraní que representa una amenaza para la navegación en el estrecho: lanchas motoras, sistemas de misiles, drones y minas marinas. En esta etapa, el papel principal recae en la aviación, aunque no se descarta la participación de fuerzas terrestres. 
  • La segunda etapa consiste en el desminado de las aguas de la zona, lo cual es en sí mismo una tarea compleja y extremadamente peligrosa.
  • Y solo después de que se haya debilitado considerablemente la capacidad de Irán para afectar la navegación, comenzaría la tercera etapa: escoltar a los petroleros con fuerzas de la Armada estadounidense a través del estrecho.

Cada una de estas fases puede durar semanas y conllevaría graves riesgos para los militares estadounidenses, lo que convertiría la operación en una campaña prolongada y potencialmente costosa, destaca el medio.

¿Qué tiene Irán entre manos?

La publicación señala que las fuerzas iraníes disponen de un amplio arsenal de medios para atacar buques, y todos ellos suponen una amenaza. Desde el aire pueden lanzar ataques con misiles y drones. En el agua, lanchas rápidas equipadas con misiles y explosivos son capaces de actuar en enjambre, atacando a los barcos o embistiéndolos. Mientras tanto, bajo la superficie se esconde otro peligro: minas marinas de diversos tipos.

Además, las fuerzas y los medios utilizados en tales operaciones están dispersos y cuidadosamente camuflados —en bahías, cuevas y túneles subterráneos que se extienden a lo largo de cientos de kilómetros de accidentada costa—, lo que los convierte en un objetivo extremadamente difícil.

Trampas de la operación

El análisis de The Economist destaca que cada uno de los puntos del plan estadounidense conlleva riesgos y amenazas. Un despliegue de tropas estadounidenses las convertiría en un blanco fácil para la artillería iraní, por no hablar de los drones.

El desminado plantea no menos dificultades. Según estimaciones del medio, Teherán acumuló alrededor de 6.000 minas de diversos tipos antes del inicio de la guerra. El Ejército estadounidense, por el contrario, descuidó durante largo tiempo la lucha antiminas.

En enero, en un momento extremadamente inoportuno, la Armada estadounidense dio de baja los últimos dragaminas de clase Avenger que estaban estacionados en la región. Fueron reemplazados por los llamados buques de combate costeros, equipados con sistemas de desminado; sin embargo, dos de los tres barcos de este tipo se encuentran fuera del golfo Pérsico y deberían ser trasladados desde Asia.

Incluso tras su llegada, su eficacia seguiría siendo cuestionable. Son capaces de utilizar helicópteros con sistemas de detección aérea y drones submarinos para la búsqueda y desactivación de minas, pero estas tecnologías aún no han sido probadas en combate y ya han sufrido una serie de fallos técnicos durante la fase de pruebas.

Lo más complejo

Según las estimaciones de los expertos, la fase más difícil de la operación sería la escolta de los petroleros. Para garantizar la seguridad de los convoyes se necesitaría una infraestructura militar a gran escala: drones, helicópteros de ataque, aviones de combate que patrullen constantemente el cielo sobre el estrecho, así como aviones de detección por radar de largo alcance para detectar a tiempo misiles y drones.

Sin embargo, los recursos son limitados. Según los cálculos, se necesitaría al menos un destructor por cada dos petroleros. Al mismo tiempo, Estados Unidos solo ha desplegado catorce buques de este tipo en la región, de los cuales seis ya están destinados a la protección de grupos de portaviones.

El despliegue de fuerzas adicionales llevaría semanas y requeriría debilitar la presencia estadounidense en otras partes del mundo, mientras que los aliados de Washington no han mostrado disposición a enviar buques a la zona.

Y aunque la Armada estadounidense ha acumulado experiencia en la lucha contra los hutíes, el arsenal iraní es más sofisticado y el propio país persa está decidido a continuar la lucha.

"Han estado ahorrando sus recursos para este propósito durante décadas. Podrán continuar con esto mientras nosotros estemos dispuestos a hacerlo", resumió Bryan Clark, del Instituto Hudson, un centro de estudios en Washington.

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